La agonía del campo en el sur del Gran Buenos Aires

 

Un panorama patético, desolador. No de otra manera se puede hacer referencia a la problemática rural de sectores específicos ubicados en las localidades sureñas del Gran Buenos Aires.

Insisto una vez más e invito a la reflexión sobre aquel interrogante que formulara en el artículo “El Campo de pie! Será argentino!” (donde se analizó allí la concentración de la riqueza rural y la falta de una sana política estatal): ¿Por qué existe en la actualidad una cada vez mayor concentración de la riqueza del campo –y en manos foráneas– si el actual gobierno dice representar lo “nacional” y “popular”?

 No hay punto de comparación entre lo que reclaman los humildes productores bonaerenses –atados a las arbitrarias y patoteras (en muchos casos) decisiones de esos municipios sureños–  con la protesta de los productores a nivel nacional por la baja de las retenciones. Es que el reclamo es más humilde, sencillo, y por consiguiente atendible. Pero ocurre todo lo contrario.

 Desde la nefasta década menemista (apoyada en su momento por el matrimonio K, por ejemplo con las privatizaciones) y hasta la actualidad, hubo sucesivos planteos a estos municipios obteniéndose respuestas mínimas y parciales: Pozos, calles rotas, arterias sin pavimentar, inseguridad, falta de luminarias (que por supuesto deriva en inseguridad), carencia de sistemas de desagüe. Son todas estas demandas que se repiten sistemáticamente.

 A este justo e incumplido reclamo se debe agregar el impacto del cambio climático, con algunas de esas zonas alcanzadas por fuertes y demoledores temporales, con tornados que en un momento determinado han provocado más ruina. Cabe señalar que los destrozos en consideración no sólo afectan a la producción de los humildes chacareros, sino también las estructuras de las propiedades.

Además del viento que, claro está, es algo imposible de prever y detener, o la inusual nevada de julio del año pasado, el otro factor climático preocupante es el de la lluvia. Las precipitaciones están sufriendo modificaciones a partir del cambio climático en marcha en el planeta: Llueve con más intensidad y en menor tiempo, y esos aguaceros impactan sobre la producción hortícola con la que tanto esfuerzo se trabaja para que siga cosechándose.

¿Qué esperan los productores encerrados en el rosqueo y el clientelismo político de estos municipios? Tan sólo obras de infraestructuras capaces de minimizar el impacto de las precipitaciones; un complejo sistema de desagüe acompañando pavimentos de hormigón en las arterias principales y asfaltos en las calles secundarias. 

¿Cuál es la respuesta del presidente de la Federación Argentina de Municipios (FAM) y actual intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra? Absolutamente nada. Pereyra es la principal autoridad política de un lugar donde la mayoría de la población está por debajo de la línea de la pobreza; donde no hay agua ni cloacas para más de la mitad de la gente; donde los asentamientos son lo único que creció en las últimas décadas; donde las calles están sucias y destrozadas; donde las escuelas están abandonadas y la inseguridad preocupa. Su administración se caracteriza por impedir todo acceso a la información pública.

Ante las histéricas manifestaciones de un Poder Central cada vez más debilitado; ante la demostrada inoperancia para resolver la estructural problemática del campo (y que ya se nota empiezan a pagar altos costos políticos); ante los intendentes basados en el manejo de la “chequera” y ajenos a toda sensibilidad social, los argentinos de bien nos ponemos de pie: ¡¡Seguimos en lucha!! ¡¡Seguimos construyendo conciencia social patriótica!! ¡¡Seguimos adelante y con paso firme en la construcción de un verdadero Poder Nacional… para que hasta el más humilde de los argentinos tenga un trato de Honor!!

La consigna es clara y tajante:

¡¡VAMOS POR EL CAMPO!!

¡Libertad y Pan!

 

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