Estrategia filmográfica imperialista

  La historia debe ser respetada si queremos saber de donde venimos, qué somos, cuáles son nuestros orígenes, y quiénes nos precedieron en el camino. Esto es algo que deberíamos tenerlo siempre presente al momento de evaluar productos culturales de alcance mundial, que se inscriben en una estrategia política agresiva y criminal a la cual enérgicamente condenamos. Hemos visto que en los cines de nuestro país, se ha emitido un producto cultural llamado “300”, en referencia a la epopeya de los 300 espartanos que comandados por el rey Leónidas, frenaron el avance de las tropas persas en el desfiladero de las Termópilas. El hecho histórico narra la decisión de unos pocos hombres que llenos de coraje y armados de valor, luchan hasta el último aliento contra el abrumador avance de soldados persas y de muchos que peleaban al servicio del rey Jerjes. La epopeya fue de tal magnitud que transcurridos más de veinte siglos, aún se sigue recordándola con respeto y admiración, constituyendo un hito de la historia mundial.

  Los hechos históricos pueden suceder tal cual son narrados, la diferencia estriba en la interpretación que se haga de los mismos, la forma en que son explicados, idealizados e inclusive ideologizados. En la tradición euroccidental, la línea divisoria entre la libertad y la tiranía estaba entre Occidente y Oriente. El primero se identificaba con la racionalidad, la justicia, el derecho y la libertad; mientras el segundo, con el despotismo, la magia negra, el lujo desenfrenado, y la esclavitud. Así nos lo enseñan los libros escolares: “El triunfo griego representó la victoria de Europa sobre Asia, de la libertad sobre el despotismo”. El continente asiático siempre habría de representar la barbarie mas temible ante la cual debían estar siempre propensos a la defensa mas tenaz.

  La película “300” lleva hasta el paroxismo esta idea de la libertad europea contra la esclavitud asiática, de la razón helénica contra la superstición persa. Más grave aún son los horrores históricos que se cometen en este producto cultural. Presentan al rey Jerjes como un personaje estrafalario, repleto de aros por todo el cuerpo, afeminado y lascivo, con una voz monstruosa y de color negruzco, algo completamente distante de la verdad histórica, pues el rey persa no era negro, marica ni monstruoso. Era un hombre de estado, con ambiciones de conquista territorial como muchos europeos que “defienden la libertad”, y de raza indoeuropea, pues los persas están racialmente emparentados con los griegos, hecho que el mismísimo Alejandro el Magno reconoció al conquistar la “tierra de los Arios” (el Irán). Desde el emisario que se envía hasta la corte del rey Leónidas, hasta otros súbditos persas, todos sin excepción son presentados como de raza negra, reafirmando esta actitud hostil hacia los persas (y no por considerar negativamente el ser de raza negra, sino por negar una realidad histórica, porque Shaka Zulu tampoco podría ser representado con los mismos rasgos de Vladimir Putin, por decir algo). La imagen monstruosa de los persas es algo insólito, muestran los más profundos y terribles pensamientos que sobre los asiáticos se ha sostenido durante mucho tiempo. Mientras los espartanos, gracias a la formidable tecnología del “photoshop”, aparecen con sus cuerpos esculpidos, sus abdómenes marcados, es decir, con una presencia que confirma el estilo hollywoodense de la película. El contraste de imágenes es notable. Los espartanos/buenos son los clásicos galanes de cine que cargan sobre sí todos los más nobles valores de la humanidad, mientras los persas/malos son oscuros y monstruosos, y representan lo peor de la condición humana. Mientras Leónidas y su tropa de élite se comporta con dignidad y valentía, la guardia persa, los “Inmortales” se representan como seres monstruosos, salidos desde las oscuras profundidades de la tierra, cuando en la realidad histórica esta tropa de élite constituía lo mejor de las milicias persas, y solo podían ser integradas por miembros puros del pueblo persa (esto es, por sangre indoeuropea).

  Indudablemente que las reiteradas quejas emitidas por el gobierno de Irán al respecto deben ser tenidas en cuenta. Nadie puede ser tan ingenuo de no percatarse de tamaño insulto a los iraníes, pues no es contra aquellos del pasado, sino contra sus ancestros a quienes van dirigidos los insultos oprobiosos montados por la industria fílmica de las potencias occidentales. “300 es una cinta producida con el apoyo de la Secretaría de Estado y el Ministerio de Defensa Norteamericano, en la que se falsifica la civilización y cultura de miles de años de Irán y que transmite la idea de que los iraníes son belicistas y agresivos”, sostiene el gobierno iraní en un comunicado de la agencia Irna. Esta película busca contarle a la gente que Irán, que está en lo que Bush denominó el “Eje del Mal”, ha sido durante mucho tiempo fuente de males y que los ancestros de los modernos iraníes son como los salvajes feos, tontos y asesinos que se ven en '300'. Estos y tantos otros comentarios nos están hablando de una clara estrategia belicista por parte el gobierno norteamericano, que junto a la corona británica y el Congreso Mundial Judío, van dando muestras -como en este caso con un producto cultural llamado “300”-, de la actitud abiertamente hostil contra la República Islámica de Irán.

  En este contexto debemos estar siempre atentos a los mensajes que recibimos y no distraernos por imágenes cargadas de odio y prejuicios. Muchas veces ocurre que hay sentimientos históricos que son hábilmente explotados en función a una política de poder mundial, en estos momentos traducida en la operación militar contra el “maldito Irán”. Pero los iraníes son mucho más indoeuropeos que varios altos funcionarios del gobierno norteamericano y británico, cuyo odio ancestral bíblicamente demostrado, vuelven a vomitar sobre el mundo. Lamentablemente hay muchas personas que aparentan estar ideológicamente esclarecidas, y sin embargo son fácilmente embaucados por esta sucia estrategia hollywoodense, y no solo no se toman el trabajo de entender un producto cultural de tamaño calibre, sino que además se favorece a la estrategia imperialista de aquellos que acordaron el reparto del mundo y de los pueblos, a quienes viven atropellando, y negándoles su derecho a una existencia libre.
Por eso sepamos leer estos mensajes, y no nos dejemos aturdir por euforias fílmicas, que nos terminan perjudicando a todos
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