Bandera de mi Patria

Bandera de mi Patria

Manuel Belgrano, mártir de la lealtad, orgullo de la Patria y honra de la Nación argentina. Fuiste un hombre de verdadero valor, y como tal, gritaste venganza y guerra. ¡Cuanta sangre derramaste por nosotros! ¡Que brava defensa hiciste de nuestra Comunidad Nacional! Ideaste una educación pública de calidad; defendiste la actividad industrial y el justo reparto de tierras para la promoción de la agricultura. Buscaste siempre la equidad social y la igualdad de oportunidades.

Para la tradicional camarilla gobernante antipatria, el momento era el menos indicado. Pero con valiente estirpe y rostro altanero, nos legaste desde aquel 27 de febrero de 1812 nuestra muy querida Bandera nacional. La que llevaste siempre en lo más alto desafiando al viento, la que manchaste con el rocío de las tumbas, la que teñiste con la sangre de los nobles y heroicos guerrero patrios caídos en el campo de batalla.

Y precisamente, con tu firme sable y ondeando la flamante Bandera, fuiste inspirador, principal protagonista y organizador junto a todo un pueblo de una de las más notables hazañas de nuestra historia, el éxodo jujeño. Recordémoslo: En la difícil lucha de emancipación hispanoamericana se venían las fuerzas enemigas al mando del general español Pío Tristán. No había como pararlos. El ejército patriota no tenía recursos ni hombres suficientes, pero sí contó con tu genialidad y tu gran visión militar. Sabiendo que la única opción de abastecimiento para los españoles eran los valles jujeños, decidiste la emigración de toda la población dejando tierra arrasada al enemigo. El 29 de julio de 1812 un bando desde Salta disponía la retirada general.

Tu orden fue contundente: Ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, nada al enemigo. A los terratenientes del lugar –en rosqueo con la avanzada española para hacer negocios con probables nuevas autoridades– no les dejaste alternativa. O quemaban todo y se plegaban al éxodo como lo hacía la mayoría o se los fusilaba, porque como nunca claudicaste en tu ideal de compromiso social y de libertad no ibas a permitir la indisciplina y la más vil de las traiciones. El resto de los fervorosos y humildes jujeños perdían lo poco que tenían, que para ellos era todo.

Aquel impresionante éxodo comenzó a mediados de agosto, y en cinco días esa marea humana llegaba a Tucumán. Con firme convicción, con verdadero espíritu indoeuropeo relucido y con un alma gallarda excepcional que sólo poseen las verdaderas jerarquías conductoras, desobedeciste valientemente a las mediocres autoridades de Buenos Aires que te requerían para Montevideo. Gracias a la lealtad de tus principios y a una claridad meridiana para observar la realidad, obtuviste el épico triunfo de la batalla de Tucumán contra los españoles el 24 de septiembre de 1812. Fue un paso decisivo para la causa, una gloriosa epopeya de Ser Nacional.

Pero como toda gran personalidad forjadora de supremos ideales, sufriste la envidia y el desprecio de aquellos que querían y siguen queriendo un país de distribución muy desigual de la riqueza, de demagogia barata y de sometimiento colonial a la Usura Internacional. El 20 de junio de 1820 no fue un día más en Buenos Aires. En plena guerra civil y prepotencia unitaria, la ciudad tuvo ese día tres gobernadores. Enfermo, y ante una generalizada indiferencia, moría uno de los fundamentales protagonistas de nuestra historia.

Manuel Belgrano… ¿qué sensación crees que nos genera hoy en día a cada uno de nosotros cuando juramentamos sobre la bandera nacional? ¿No sentimos, acaso, que nada es nuestro, y que nuestro Ser pertenece de cuerpo y alma a la Bandera? ¿No nos aparece la imagen, quizás, de un soldado argentino herido de muerte en defensa legítima por lo que nos pertenece? ¿De un camarada lanzado al combate a sangre y fuego tratando de impregnar con sus manos los colores de la Enseña Nacional?

Manuel Belgrano…, nos diste una verdadera lección. Nos enseñaste que la Bandera es sagrada, que debe ser el verdadero símbolo de toda nuestra Comunidad juramentada y el máximo emblema del verdadero y auténtico resurgimiento nacional. Nada, sin embrago, profana tanto a nuestra Bandera en la actualidad como la cobardía, la comodidad, lo material, el dinero, la corrupción, la manipulación, la degeneración del alma, el hacernos creer que progresamos deformándose doctrinas y banderas de estadistas o próceres.

Manuel Belgrano…, suenan patrias canciones cantando santos deberes. Los argentinos de bien te honramos una vez más. Pero para ello dejamos de lado la nostalgia, como así también la mera formalidad de querer cumplir con un calendario escolar.

Manuel Belgrano…, los que queremos una Argentina para los argentinos vamos a seguir reflejando tu estilo, tu personalidad, tu calidad, tu arquetipo de verdadero Señor, tu poderío de voluntad y dominio, tu disciplina, tu noble honor, tu mística, tu potencia, tu espíritu aristocrático forjador de grandes hechos. Con valentía y rostro altanero vamos a prepararnos de la mejor manera posible para reflejar ese sentido heroico que le diste a la vida. Para que el mismo nos guíe con nuestros bastiones y estandartes. Con nuestra Bandera de la fe en la victoria; con nuestra Bandera de la libertad contra toda forma de dominio extranjero en nuestra Patria; con nuestra Bandera de la dignidad social.

Manuel Belgrano…, salve Bandera de mi Patria…, ¡salve!


¡JUSTICIA Y LIBERTAD!

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