Otra vez sopa.

Repudio al ataque judío sobre Gaza.

 

En un nuevo aniversario por la llegada de fuerzas norteamericanas de ocupación al campo de concentración de Auschwitz, la AMIA realizo un acto recordatorio, al tiempo que el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri imponía con respaldo legislativo la obligatoriedad de la novela "El Diario de Ana Frank", escrita con una birome inventada recién en 1947.

Patrañas aparte, claros compromisos con el orden establecido, la efeméride sirvió de propicia ocasión para que la comunidad judía local pusiera nuevamente sobre el tapete la cuestión del antisemitismo. Así como la economía tiene sus ciclos de expansión y contracción, la luna sus fases y el año sus estaciones, el discurso paranoico del lobby judeoargentino vuelve cíclicamente a denunciar una "campaña antisemita". ni mas ni menos que como lo viene haciendo desde hace décadas. Apresuradamente los medios de prensa se encargan de difundir la denuncia, y al indagar en las razones que llevan a semejante aserto, se responde con pintadas callejeras donde se condena la política criminal del estado de Israel contra los palestinos, alguna que otra esvástica en aerosol, y cosas por el estilo. Y tal vez alguna que otra opinión proferida por quienes organizan los actos frente a la embajada sionista en Buenos Aires. Toda la dirigencia política, empresaria, religiosa, etc., emitirá inmediatamente un comunicado o declaración, condenando en los mas duros términos esa "campaña de odio". La complicidad exige diligencia y un excelso carácter expeditivo para cumplir con el "patroncito".

Ante el pánico de ser marcados como posibles simpatizantes de movimientos o cercanos a ideas señaladas por la inquisición judeocratica, todos reaccionan al unísono, con un Baremboin dirigiendo la batuta hacia el coro gallináceo de aduladores. - La maquinaria inquisidora comienza a funcionar buscando brujas para quemar. Los dispositivos paranoicos construyen una teoria conspirativa, en la cual se enrolan todos aquellos que expresen desde la mas leve critica hacia los israelíes hasta el mas firme cuestionamiento al excesivo poder de la comunidad local. El delirio persecutorio hace que todos los demás se conviertan en culpables, o que en todo caso estarían a punto de serlo de no acallar o revertir sus pensamientos.

La culpa siempre la tienen los demás, las victimas de los antiguos egipcios y romanos siguen siendo eso, objeto de intolerancia e inhumanidad. O se esta a favor o se calla. Complicidad o silencio, no hay ninguna otra posibilidad. Oponerse constituiría un crimen de lesa humanidad, pues se estaría formando parte de esa conspiración que según los dirigentes judíos se estaría tramando para aplastarlos.

Nuevamente la comunidad judía argentina denuncia una "campaña antisemita", para reprimir la sana y airada protesta contra el genocidio de los palestinos, quienes curiosamente son mas semitas que los propios judíos que hacen la denuncia. Pero ninguna explicación cabe dentro de esta locura persecutoria, los paranoicos no reconocen ningún atisbo de racionalidad, solo su exacerbado delirio de ser las victimas eternas de malvados que no comprenden quien se sirve y determina el rumbo que deben seguir las políticas en nuestro país y el mundo. Siempre lo mismo, otra campaña mas, una oscura conspiración se cierne sobre el "pueblo elegido", funcionarios gubernamentales se apresuran a desmentir y condenar la aberración denunciada. Esta película ya la vimos, y los malos son los de siempre.

 

 

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